Hoy me han hecho el reconocimiento médico en esta mi empresa y no sé si la sensación que tengo es de alegría o de pena mora.
Resulta que desde que me independicé, que fue cuando dejé de fumar, no me subo a un peso ni harta de vino (dícese de peso cuando se habla del peor enemigo de una mujer, después del ginecólogo) . Eso es así, yo no me meto en la vida de nadie, pero nadie me obliga a subirme a un peso para saber lo que he engordado, que ya sé yo que la cosa no pinta bien cuando ningún pantalón cierra sin aguantar la respiración.
El caso es que la señora medica, muy agradable ella, me ha dicho, "quítate las botas que te voy a medir y a pesar"......y yo que intuía lo que iba a pasar, la he dicho con voz nerviosa, como de yonki esperando la dosis...."si quieres me quito la ropa, que estos pantalones pesan mogollón"...y la tía, "no mujer, no seas exagerada".....y no, yo no soy exagerada, exagerada la puñetera báscula, que ha puesto bien grande (como pa´joder) mi peso (el cual no pienso decir)....así, sin miramiento alguno....sin pensar en el daño psicológico que me iba hacer ver que desde que no cato bascula y sí mucha comida rica, he engordado 6 kilazos.
Y el caso es que la señora me iba diciendo los resultados de las pruebas y no paraba de decirme, con cara de felicidad, que todo era normal...el colesterol, la tensión, etc., pero yo no escuchaba.....en mi cabeza solo retumbaba el número 6 y venían a mi mente los platos de sopa castellana que me meto entre pecho y espalda, los de fabada con chorizo y tocino, los de cocido madrileño.....y se me hacía la boca agua.
Cabizbaja, he quedado con mis compañeras de curro para tomar el café y les he comentado lo de mis 6 kilos de más y me han dado ganas de cortarme las venas cuando todas han dicho al unísono que yo no estoy gorda, que lo que me sobra es culo, pero que no estoy gorda.

Así que, me he despedido diciéndolas que si algún día pienso en suicidarme, ya sé a quién no pedir consejo.








Recuerdo que cuando empecé mi adolescencia seguía viendo dibujos animados como si siguiese en mi tierna infancia y mi padre me preguntaba "pero no eres muy mayor para esto?" y yo le miraba con cara de "¿a qué edad está escrito que se deben dejar de ver los dibujos animados?".
Total, que puedo decir orgullosa, que después de esfuerzos y esfuerzos, de venas hinchadas y cabreos varios, me han admitido en la peña quinielística de machotes. Estuve a punto de decirles "ahora os dan por culo que no quiero", pero la avaricia rompe el saco y pensé; "a ver si les va a tocar....".


